Puedo vivir sin patatas, pero no sin ordenadores

Es 16 de agosto y es 20 de octubre: hace viento, 18º, llueve y se ha ido la luz. Los planes de vino y sol y más vino y más sol han cambiado de repente a peli, mantita, sofá y, ya que nos ponemos, una gran tortilla de patatas hecha en casa, con amor. “Papá, ¡hoy he ido a ver el lugar donde nacieron los ordenadores!” “Te emocionas mucho con los ingleses, pero recuerda que comes patatas porque los españoles las trajeron del nuevo mundo”. “Puedo vivir sin patatas, pero no sin ordenadores”.

Y al cabo de un rato resulta que no.

 

 

Y al cabo de un rato resulta que no.

Mientras la vida sigue en Instagram llena de playas y en mi alma llena de envidia, en Londres ha ocurrido alguna cosa más:

– Brunchs en nuevos sitios favoritos: Well Street Kitchen, el “small and friendly cafe” de debajo de mi casa. Es el único establecimiento puesto bonito de la calle, hasta hace unos meses presidida por un Tesco, tres charity shops, dos restaurantes turcos y un enorme off-license turco en el que venden paquetes de un kilo de queso, un kilo de hummus y un kilo de yogur. En Well Street Kitchen me sirven el segundo café cada mañana, el almuerzo cuando no quiero / puedo cocinar y un Bloody Mary para la resaca cuando no quiero / me puedo mover. Les he cogido cariño.

– Más Bloody Mary’s en The Breakfast Club, Don Picante’s en Machete y Don Picante’s triples en Shoreditch House. Londres terminará convenciéndome de que de la cocina hipster moderna hay que ser fan. Hablaremos de todo ello, así como de la palabra maldita y más, dentro de poco.

– Hasta entonces hemos hablado de por qué no deberías hacer una app (y si la haces, que sea más o menos así) y de un mapa del mundo hecho entre todos. ¡También participé en un podcast!

– Tengo una bicicleta nueva. Me la ha dejado mi amigo Kim: es azul, lenta, pequeña y apenas frena pero me hace muy feliz. Lo que con ella quemo en kilos y ahorro en transporte me viene perfecto para invertir en los puntos 1 y 2; lo que veo (Regent’s Canal lleno de barcos, Islington lleno de calles de casas y jardines) me alegra a diario los viajes al trabajo. Y si ocho meses después me he pasado Londres, a sus baches, coches, autobuses, taxis, minitaxis y resto de ciclistas, también debería ser capaz de pasarme pronto Madrid.

Hasta entonces,

Besos,

Lía

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