Oporto

En Oporto a nadie parece importarle que el autobús y el tranvía pasen con frecuencias de una hora y si el bacalao a la nata que has pedido se retrasa mientras te mueres de gula hambre, la señora camarera te da un beso, te dice que te aguantes y que no te sirve un aperitivo porque va a ser mucho para ti. Pero de postre te regala un chupito, por si acaso las molestias.

Vine a Oporto un par de días antes de que terminara 2014 con el fin de desplanificar 2015. Quería ver el mar (si esto suena muy profundo, me da lo mismo) y la mágica combinación del buscador de vuelos baratos a cualquier sitio de Ryanair + los alojamientos tan de andar por casa que ofrece nuestra segunda patria, Airbnb, hicieron que cayera aquí. Portugal siempre había sido el lugar de las toallas, allá donde cruzábamos para volver con el maletero lleno cuando estábamos de visita en Salamanca, pero una vez fui a Lisboa – y otra vez repetí – y decidí que viva Portugal y que ojalá no se enterara nadie, nunca. Oporto era lo que me faltaba para confirmarlo.

Han sucedido algunas cosas interesantes:

  • Los bares de viejo tienen wifi.
  • Los bares de viejo sirven el vino a 0,60 € y el café a 0,80 €.
  • En los bares de viejo no hay jóvenes.
  • Por qué tomar francesinha pudiendo tomar bacalao en todas y cada una de sus formas de expresión.
  • Por qué limitarse al río pudiendo perder el tiempo en un sofá colgado, literalmente, sobre las olas.
  • Hablan inglés.
  • Si dejas que los amigos ex-erasmus que te han pillado en Facebook te acompañen y enseñen su vida, te llevas las mejores vistas.
  • Ya no son los gorriones o las palomas, sino las gaviotas las que acuden a tu mesa a incordiar comerse tu comida.
  • Hay al final de la línea de metro un barrio que parece Móstoles – o cualquier derivado de ciudad dormitorio – con un montón de señores en fila preparando, cada día, a partir de las seis de la tarde, las brasas para cocinar el pescado recién cogido del puerto. Se llama Matosinhos y yo casi me pongo a llorar.
  • Algo se me ha pegado en Oporto cuando hoy, incluso, he llegado tarde a internet (menos mal que El Mundo Today ha acudido a mi rescate).

También se me ha olvidado escribir así que he hecho muchas fotografías, porque seguro que a estas alturas de Portugal ya se ha enterado mucha gente.

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